El Podemos que me ilusiona

Si ayer he escrito sobre “El Podemos que me da vergüenza“, hoy he decidido escribir sobre el Podemos que me ilusiona. Lo hago por una sencilla razón: aunque en Podemos haya una parte que me da vergüenza, Podemos en su conjunto me sigue ilusionando, partiendo de la idea de que: Los proyectos ilusionan aunque haya gente dentro que nos pueda defraudar.

Creo en los proyectos, en las ideas, en las convicciones y en la inteligencia humana. Creo en la gente hasta que me defraude. Una vez me defrauda, busco a otras personas que podrán llevar a cabo el proyecto en que creo.

Antes de que Podemos sea partido, proyecto o un conjunto de familias. Podemos nació de la idea, una idea provocada por la necesidad colectivaEl detonador era un grito continuo en la calle: “No nos representan”. Si no fuera por este grito de dolor, rabia, indignación y hartazgo, Podemos ni existiría.

Era un grito, era la protesta y era la calle. Son hechos, lejos de posicionamientos y de cualquier familia. Podemos no nació en un “Laboratorio”, ni gracias a una charla entre politólogos o filósofos. Si fuera así, tendríamos un Podemos cada día.

Era la indignación y la protesta ciudadana quien provocó esta idea. Negarse ahora de ella es negar lo evidente y cortar por la raíz una fuente de fuerza y razón de existencia. Es sencillamente, firmar su propia sentencia del fracaso.

Durante las protestas del 15M, todos (o la mayoría) éramos “bases” de Podemos. No había nombre de partido, ni documentos éticos o organizativos, pero sí que teníamos en la cabeza, cada una y cada uno, las ideas claras sobre lo que necesitamoslo que hay que hacer y cómo hay que hacerlo. Teníamos la misma visión de lo que después nació como Podemos.

En cualquier plaza, cualquier manifestante podría decir que su enemigo era un Sistema Corrupto e injusto. Podía explicar a la perfección que la única forma es plantarle cara y rechazar a sus justicias, que las cosas se podían hacer de otra manera más justa. En cualquier protesta, cualquiera podía asegurar, con ojo brillantes, que “Se puede, pero no quieren” y que ya no se puede negociar con el verdugo.

Este era el espíritu que provocó y formó el feto que luego se llamó Podemos. Personas que tenían las mismas ideas, claras y con pies que nunca temblaron. Gente que no estaba dispuesta a negociar por aparentar ser negociadora o moderada, gente que decía las cosas claras sin importarle ofender a los que tanto abusaron de ella. Y más aún, dentro de las masas, no había solo gente pobre, también gente de clase media y gente rica. Nadie se creía más importante que nadie, ni por sus estudios, ni por su situación económica. Todos éramos iguales, hablábamos el mismo idioma y teníamos las mismas exigencias: Una sociedad justa y el fin del cachondeo político.

Las protestas del 15M sí que eran transversales, sin etiquetas ni ambigüedades. Gente de toda clase social, unida por un interés general y una emergencia social. Es esa gente quien confió en Podemos, son esos los cinco millones que apoyaron a Podemos “desde el minuto cero“, porque se identificaron con este proyecto, lo crearon, lo formaron y lo cuidaron. Nadie les preguntaba sobre su renta, su religión, sus estudios, su afiliación, su ideología… y hasta el momento, nadie se lo ha preguntado. No se les preguntó “¿de dónde vienen?”, sino “¿A dónde van?”. Por eso, solo saben una cosa: A pesar de sus diferencias innumerables, su único objetivo y destino es el Sentido Común y la justicia social. 

En el Sentido Común cabe todo el mundo, cualquier ideología. A Podemos, le votó gente de derechas como de izquierdas, igual que gente sin partidos fijos y otra que viene de la abstención. Lo que no cabe, son los intereses ajenos a ello, el oportunismo o la incoherencia. No se ha reunido a cinco millones con toque de corneta, son personas con mucho criterio (y genio), no son un rebaño. Para conseguir cinco millones de votantes a la primera, hay que tener mucha coherencia, claridad y sobre todo compromiso.

Lo que ilusiona es ver a gente normal hablando el idioma de muchos, con toda humildad, sin miedo, con valentía, compromiso y sin ambigüedades. Porque los votantes son, precisamente, personas que lo han visto y oído todo de la vieja política. A esta gente, no se le va a engañar con palabras huecas, con vocabulario de élites, ni con apariencias.

Y no solo la gente que ya cree en Podemos, también aquella que aún no cree en el. La confianza no se gana sin mirar a la gente en los ojos y decirle la verdad, cueste lo que cueste. A los que faltan, se les gana con hechos políticos, con pedagogía, con diálogo y con la tele apagada. Porque muchas y muchos faltan, unos por miedo, unos por indiferencia, unos por cabreo y desesperación de la política y muchos porque este Sistema corrupto les tiene asustados gracias a sus medios y sus políticas del miedo.

Esta gente necesita representantes dignos, personas que están para defender a sus intereses ante este Sistema salvaje, representantes que sufren con la ciudadanía, que apoyan al ciudadanía, que luchan con la ciudadanía y escuchan a la ciudadanía. Esta gente, volverá a desconfiar al primer indicio que le recuerda a la vieja política y sus prácticas.

Se necesitan representantes que cuando entran en una institución, trasladan el sufrimiento y las demandas de la ciudadanía, sin maquillajes, sin regateos, ni miedos. Que cuando se les escucha hablar, se oye a la voz de la ciudadanía, se ve a un ciudadano cualquiera dirigiéndose a los políticos. No a un fariseo o un burócrata jugando el papel de representante.

Para ganar la confianza de la gente, tampoco basta con trasladar sus demandas, es también necesario transformarla en propuestas políticas y defenderlas. Lograr aprobarlas, esto dependerá del peso político en las instituciones y de la voluntad del resto de partidos. Pero eso, hay que saber explicarlo a la gente, aunque mucha ya lo sabe.

A la gente no le importa que sus representantes cometan errores, o que se le escape una palabra o un tono elevado en un debate. La gente quiere representantes radicales, lo que significa, solucionar sus problemas tratando el fondo de los asuntos, la raíz y no conformarse con soluciones a medias, parches o migas de pan.

No son tiempos para pequeñas victorias, acuerdos simbólicos o para sacarse la foto. Tampoco la gente pide milagros, porque sabe que cuando es imposible, imposible es. Pero nunca perdonará que se traicione a su confianza, se regatee con sus derechos, ni que se juegue con su ilusión o que se deja de insistir en su defensa.

Este es el Podemos que me ilusiona; comprometido con la gente, que intenta cumplir sus promesas dentro de lo posible, sin prometer milagros o celebrar haber arrancado unas victorias insignificantes. Un Podemos en que nos miramos y nos sentimos orgullosos, cristalino, transparente y sin ambigüedades.

Un Podemos que habla alto, claro y con un lenguaje sencillo que no deja lugar ni a dudas, ni a interpretaciones, ni marear la perdiz. Un Podemos que habla sin miedo, que todo lo que diga toca el fondo antes que la forma.

Un Podemos que piensa primero en cómo solucionar los problemas de la gente, antes de pensar en cómo ganar al próximo votos. Un Podemos que se niega a ganar de cualquier manera, porque Podemos nació para ganar un país.

Un Podemos contundente con cualquier persona corrompida, que rechaza cualquier práctica que corrompe o que recuerda a las prácticas de la vieja política. Un Podemos que siempre intenta ser ejemplar aunque morirá en el intento.

Un Podemos donde nadie se cree mejor que nadie, donde cualquiera sufrirá con su prójimo y se alegrará por él, un Podemos humano. Un Podemos donde nadie se cree más preparado que nadie, porque la mayoría nunca ha estado en política, porque en Podemos muchas y muchos pueden ser válidos y aportar al proyecto. Un Podemos que cree en la iniciativa de su gente, un Podemos que cree en su genteque cree en la gente.

Un Podemos donde se defiende la igualdad pero sin olvidarse de la igualdad de oportunidades. Un Podemos que cede cuando puede, pero nunca a cualquier precio, ni para sacar logros ficticios para la galería. Un Podemos que no es de nadie, que es de todas y todos y que nadie puede apropiarse de el.

Un Podemos donde se respeta la democracia, porque la democracia no siempre va ligada a los gustos. Un Podemos donde se respetan los órganos, donde se respetan las resoluciones y cuando no gustan, siempre hay canales para protestar y actuar, en vez de tragar al primer micrófono.

Un Podemos donde se respeta y se escucha a la militancia, porque Podemos es de sus votantes y de su militancia. Un Podemos que respeta el resultado de las votaciones, donde se acepta la derrota, donde no caben lecturas ficticias de porcentajes para intentar sacar beneficios o entorpecer el avance del proyecto.

Un Podemos que saber ganar, pero también sabe perder y sabe cuando no se puede ganar más. Un Podemos que sabe interpretar los resultados electoral para el beneficio de todo proyecto y no para el beneficio propio. Un Podemos que no recorre al oportunismo utilizando la pérdida del millón de votos, olvidando que ésta perdida pudo ser fruto de un pucherazo, sabotaje (interno o externo) o simplemente un cabreo del votante por haber pactado con Izquierda Unida o por haber tendido la mano demasiado al PSOE.

Un Podemos que deja las diferencias y las amistades de lado cuando toca remar juntos o tomar decisiones políticas. Un Podemos donde nunca se exigen los cargos, ni se aferra a los cargos, ni se jalea a cualquier decisión sobre los cargos. Un Podemos donde la única demostración de fuerza, se hace poniendo urnas. Donde no se polemiza sobre cualquier declaración o decisión para perjudicar al compañero y así al proyecto.

Un Podemos que, para mí, no es de izquierda, ni de derecha (política), sino de Sentido Común. Cosa que implica obviamente, políticamente e históricamente que se parece a lo que defiende la verdadera izquierda y de ahí el entendimiento.

Un Podemos que entiende que no es más que una herramienta para la gente, que los cinco millones que se ganaron de golpe, podrán irse de golpe si deja de ser esta herramienta. Un Podemos que sufre, lucha y escucha a la gente en vez de aprovecharse de ella y luego huir de ella y de su lucha como un cobarde.

Hasta el momento, este Podemos sigue siendo mi herramienta y por eso, sí que me ilusiona.

Esparroquí

Esparroquí

Pienso con mi Teclado, sin Filtros, con Criterios! Que se escapen estos pensamientos ¿Qué más da?! Quien siembra miseria, no es el que siempre recoge su cólera! Creador de Casos-Aislados.com

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