Regreso al futuro: ¿Euro o peseta?

Bien es conocido por todos el dilema que existe acerca del euro y su culpabilidad en la crisis iniciada en 2007 y que aún barre, aunque con menor intensidad, los patios de nuestras casas. Pues bien, veamos y analicemos si esto es cierto desde el punto de vista macroeconómico.

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Para comenzar con el análisis hay que tener en cuenta la principal losa que camina de la mano de una moneda común en la Unión Europea, la imposibilidad de actuar sobre la política monetaria por parte de los Estados miembros. Este hecho supone un problema, pues mediante esta herramienta se puede actuar en materia de competitividad exterior por medio de la devaluación de la moneda.

Pero, pensémoslo un momento, ¿Perjudica esto realmente a España? Si echamos la mirada atrás en el tiempo, hemos abusado una y otra vez de las devaluaciones. La devaluación ha sido el “juguetito” preferido de los gobernantes en este país. A priori, genera competitividad exterior, atrae el turismo (mayor fuente de ingresos de la balanza de pagos española) e incluso abarata los bienes esenciales, pero todo esto queda compensado por el aumento de la inflación, la pérdida de salario real y la pérdida de valor de los ahorros en esa moneda.

Una vez llegados a este punto, debemos analizar si los beneficios que produce la devaluación superan sus costes. La eficacia de esta herramienta pasa directamente por la elasticidad respecto al precio de nuestras exportaciones, es decir, ¿cuánto aumenta la demanda de producto nacional en el exterior al devaluar en una unidad nuestra moneda? Si aumentan de manera significativa nuestras ventas al exterior (gran elasticidad) esta herramienta será provechosa, mientras que en el caso contrario estaremos perjudicando nuestra economía.

Imaginemos ahora que hemos actuado devaluando nuestra moneda con el objetivo principal de generar competitividad exterior y así equilibrar nuestra balanza de pagos. Si analizamos nuestra actuación con el criterio anteriormente explicado esta es provechosa, es decir, su beneficio supera su coste. ¡Fantástico! Pero, ¿Cómo se traduce esto en la economía real? Como bien indiqué antes, el mayor inconveniente que tiene esta herramienta es la inflación. Al ser el tipo de cambio una variable nominal, debemos comprobar si produce cambios en el tipo de cambio real, para lo cual es necesario que las ganancias derivadas de la devaluación no sean absorbidas por el aumento de la inflación. Es por tanto en este punto donde se justifica la ineficiencia de las actuaciones en este ámbito de un gran número de economías a lo largo del globo, sin excluir por supuesto a la española, que han sido incapaces de desvincular las actuaciones sobre el tipo de cambio y las fuertes tendencias inflacionistas o deflacionistas en función del tipo de actuación.

En un mundo “recientemente” globalizado la mejora de competitividad no se logra actuando sobre variables nominales sino incidiendo en la mejora de los costes laborales unitarios respecto a nuestros competidores. Esto se puede lograr mediante dos vías, o bien mejorando la productividad o bien con incrementos salariales inferiores a los de nuestro entorno o con una mezcla de ambas. Obviamente todos preferimos que no nos toquen el salario y que esto se logre de la mano de la productividad. El problema viene cuando nos damos cuenta que los factores que determinan la productividad son los niveles de formación de capital humano, la eficiencia de los modelos de gestión y organización o la I+D+i, factores que no solo no se modifican mediante la actuación en variables nominales (devaluación) sino que dependen de los caprichos políticos a nivel de educación e industria, hecho que, no se a ustedes, pero a mí me genera un fuerte sentimiento de impotencia, al ser ambos ministerios objeto de diferenciación política legislatura tras legislatura cuando deberían llevar ambos una línea común independientemente del partido que los ocupe.

En conclusión, aunque nunca podremos conocer empíricamente qué hubiese ocurrido desde el año 2007 hasta hoy si nuestra compañera hubiera sido la peseta y no el euro, queda demostrado que no se trata de un factor determinante para que esta situación tuviese lugar, por lo que debemos centrarnos en tratar de encontrar un hueco en este mundo globalizado y altamente competitivo ayudándonos de todo aquello que esté a nuestro alcance y por supuesto olvidándonos de aquello que se hizo o se pudo hacer mal, para enfocar nuestros esfuerzos en tomar buenas decisiones de ahora en adelante.

Artículo de @TaxesMaster para Alcantarilla Social

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