Un miembro de CCA de Podem Cataluña ve “Trolls” en todas partes

Si antes de Vistalegre II, algunos tachaban de “Trolls” y “Hooligans” a cualquiera que discrepa en las Redes Sociales con el planteamiento y el juego sucio errejonista. Hoy, días después de Vistalegre II, parece que algunos aún no han digerido los resultados y siguen dedicándose a su “caza de Trolls”, como si las más de 150.000 personas que cotaron en Vistalegre eran también “Trolls”.

Resulta también curioso, que ex-responsables de Redes de Podemos tacharon de “Hooligans” a muchas y muchos activistas que hasta pocas semanas de Vistalegre formaban parte del “equipo” y colaboraban directamente en las campañas en las RRSS.

Antonio Gómez Villar, un miembro de CCA de Podemos Cataluña se ha quedado a gusto en una publicación en su cuenta Faceook. Una publicación titulada “PODEMOS, LA SUBJETIVIDAD TROLL Y EL ANTIINTELECTUALISMO” que no necesita análisis alguno, porque habla por si sola, aquí la tienen íntegra:

“PODEMOS, LA SUBJETIVIDAD TROLL Y EL ANTIINTELECTUALISMO

Pocas veces la “podemología” ha prestado atención a una curiosa figura, una modalidad de militancia muy propia de este ciclo electoral, el troll. Quien tuviera a bien proponer una suerte de antropología de la militancia morada, habría de añadir un obligado epígrafe titulado “la subjetividad troll”. Aquí solo atenderé al troll en su declinación “pablista”, si bien trolls anidan en todas las facciones. Me animo a apuntar dos elementos que me parecen interesantes, anudados por una misma matriz, habiéndose revelado el segundo de ellos luego de esta resaca post-Vistalegre II.

El primero de ellos, configurador de esta subjetividad troll, tiene que ver con un fuerte antiintelectualismo. El desprecio del saber, de la cultura, da cuenta de un cuerpo social, el de la sociedad española, roto, herido, desgarrado luego de cuarenta años de neoliberalismo y cuarenta anteriores de Dictadura. Hay en el troll podemita una reactualización de la vieja lógica de los cuadros y las bases, en la que aflora una línea de continuidad entre ese desprecio por lo intelectual tan propio del troll y aquel “¡Viva la muerta, abajo la inteligencia!” de Millán-Astray. El troll, como Goebbels, cuando oye la palabra cultura, se echa mano a la pistola. Es el síntoma, el dolor de décadas de abandono de la política, el resultado de un pueblo nacido en las ruinas del franquismo.

El segundo elemento lo he observado en los días posteriores a Vistalegre II, y tiene una inquietante relación con el primero, comparte esa misma pulsión fascista. Les invito a que buceen en las redes de los principales portavoces del “errejonismo”; pueden rastrear este mismo muro (si bien yo no soy un errejonista orgánico, no pocos me sitúan en “el entorno” ). Lo curioso es la proliferación de insultos tras la asamblea de la que PI salió victorioso, de llamadas al orden y a la disciplina, acompañados siempre por ese fuerte antiintelectualismo, una suerte de reproducción del antagonismo schmittiano de corte laclausiano pero a la interna, formulado tal que “el pueblo vs intelectuales, profesores universitarios, mundo de la cultura”, articulando una identidad fuerte que funcione y opere aliviando el desgarro social de lo impolítico. Lo normal era que luego de la tormenta, conseguida la victoria, llegara la calma. Sin embargo, ha sucedido todo lo contrario. En cierto modo, imitan el proceder propio del nazismo después que consiguió alcanzar sus objetivos de conquista y conservación del poder. En la Alemania nazi esta etapa, de violencia instrumental y selectiva, ordenada a un fin, había concluido relativamente pronto (1935), y había cumplido con creces los objetivos de eliminación de toda resistencia organizada. La consolidación interna del régimen, en lugar de significar –de acuerdo con las leyes “naturales” de autoconservación política- el punto de atenuación o equilibrio de la violencia y el inicio de la reconducción legal de su ejercicio, significó, sin embargo, el punto de partida hacia los verdaderos objetivos de la dominación total y la política ideológica.

Luego de la victoria por parte de PI lo esperable era que la proliferación de actitudes trolls hubiese tendido a disminuir. Sin embargo, recuperando la lógica nazi descrita, y la pulsión fascista inherente a la subjetividad troll, la victoria ha significado el inicio y punto de partida de un desahogo y revancha contra todo aquél al que se le ocurra mostrar en público el manejo de más de cien palabras diferentes aceptadas por la RAE.”

Cabe señalar que el señor Antonio Gómez Villar en uno de sus comentarios de Facebook, no es ““errejonista” desde un punto de vista orgánico tal y como dice. Una publicación donde expone la lista de su votación, en su mayoría “errejonista”. Además añade que “En líneas generales, aunque con algunos matices, comparto la línea política y organizativa de “Recuperar la ilusión”.“. [Fin]

Daremos por hecho que su opinión es totalmente imparcial -ironía- y que lo de arriba de “Aquí solo atenderé al troll en su declinación “pablista”” lo ha dicho también desde la imparcialidad -ironía-.

Y siguiendo con la ironía, el resto de su publicación es todo un ejemplo de respeto a mucha gente que lleva apoyando a Podemos desde antes de su nacimiento (el 15M). Una publicación muy intelectual y que no es “un desahogo” que es cosa de “Trolls”. Una publicación llena de besos, abrazos y amor hacia activistas en las RRSS, desinteresados en ocupar cualquier cargo público y que prefirieron hacerlo desde el anonimato quizá porque la fama no es lo que buscan, o quizá simplemente por ser cansados de multas, juicios y mordazas. Activistas que, en interno, casi todos tienen caras, nombres y apellidos conocidos.

Ya lo dijo el señor Antonio en su Facebook: “Besos, abrazos, caricias, afectos varios. El gobierno de la gente o es una fábrica de amor o no será.”.

¿Qué más se puede esperar de un miembro de CCA de Podemos como Antonio Gómez Villar, un ex-jefe de campañas en Podemos Cat que no tiene ni una cuenta Twitter y habla de Trolls?… Nada.

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