La máscara del payaso

Acaso alguien pueda negar tajantemente que alguna vez se comportó como un payaso, ya fuera para arrancar una sonrisa en la cara de un niño o para provocar la complicidad de tu pareja… Yo no, he hecho el payaso tantas veces que he perdido la cuenta y el caso es que me sentí feliz compartiendo esa abdicación (puntual) de la sensatez cotidiana.

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Más triste es cuando adultos supuestamente formados actúan como payasos en la mascarada electoral, adhiriéndose inquebrantables y con fervor religioso a opciones de facinerosos y bandidos de lo público, amparados en una alucinada creencia que les susurra que “todo va bien e irá aún mejor“. Suponer que el ladrón dejará de robar porque ya tiene suficiente, es como estar convencido de que el yonki no volverá a probar el fuego en sus venas una vez haya quedado satisfecho… puro delirio. Quien teniendo lo suficiente sigue robando, lo hace por puro vicio insano, por instinto asocial, por una férrea sociopatía fruto, tal vez, de su adscripción a misticismos de oscuros intereses o de su convencida creencia en una impunidad a prueba de cualquier imputación. Sea como fuera, sólo caben dos posibilidades: o son criminales o enfermos y ambas le inhabilitan para el ejercicio de la gestión de lo público.

En la otra cara de la moneda del juego electoral, tenemos al payaso utópico, ignaro o meramente ingenuo, ferviente adicto a las fantasías heroicas coloreadas en términos maniqueos, entusiasta firme de las almibaradas frases de Coello y éste, pese a sus buenas intenciones, tampoco parece capacitado para detentar poder alguno: su “bonhomía” carece de la saña necesaria para el proceso de gobernanza.

Pero toda moneda, además de dos caras tiene un canto que, sin ser ni un lado ni el otro, pretende abarcarlo todo y los payasos que habitan ese universo son los más peligrosos. Bailando como juglares de la oportunidad, seducen adeptos con sus danzas y malabares, carentes de ideas propias, todo artificio y colorín… cuidado con ellos.

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Así las cosas, y frente al circo de elecciones que se nos viene encima, invitaría a todos, candidatos y votantes, a quitarse la máscara de payasos y hacer ejercicio de memoria y sensatez para que el futuro no nos pille entre bambalinas y aún sin maquillar, que la función está por empezar y nuestro futuro depende del éxito del argumento que vayamos a representar.

Nostromofall

Harto ya de estar harto, ya me cansé...

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