Interculturalismo: más allá de la multiculturalidad

El debate sobre el multiculturalismo siempre ha sido polémico desde que a mediados del siglo XX apareciera en diversas zonas de Occidente. Ahora, y con el fantasma del fascismo recorriendo Europa, se vuelve a poner en cuestión la realidad multicultural.

Más allá de un multiculturalismo que está prácticamente asentado tanto en Europa como en Norteamérica, así como en medio mundo, y con sus virtudes y defectos, empiezan a resonar las trompetas de un ideal. Tal vez una utopía: el interculturalismo.

El pluralismo cultural, enfatizado por un proceso de globalización creciente, ha conllevado a la construcción de una sociedad pluricultural. Un ejemplo de ello es la ciudad de Nueva York, una ciudad cosmopolita donde coexisten diversas culturas. No obstante, el multiculturalismo, dentro de sus elementos positivos como la tolerancia, la reivindicación de diversidades y la capacidad de coexistencia entre diversas culturas, ha caído en un bucle donde se promueven más las diferencias que la propia convergencia. Un bucle donde no todas las culturas se encuentran a un mismo nivel, donde la cultura anfitriona absorbe a esas minorías culturales y donde se realiza un excesivo énfasis en la diferencia cultural, existiendo el riesgo de caer en un relativismo cultural extremo que lleve a un fundamentalismo cultural fruto de la exageración de las diferencias entre culturas. En resumidas cuentas, el multiculturalismo consiste en tolerar y respetar a la diversidad cultural desde la distancia y sin relaciones entre culturas.

Como paso siguiente al multiculturalismo existe una realidad más allá, el interculturalismo, entendido más como un ideal utópico. No obstante, y pese al auge de la extrema derecha en el mundo, parece que este ideal empieza a asemejarse más a la realidad. Pero, ¿qué es este interculturalismo? A diferencia del multiculturalismo que consiste en la coexistencia, el interculturalismo aboga por la convivencia. Aboga, sin perder de vista las diferencias, por la convergencia.

Consiste en establecer relaciones sociales no solo entre iguales sino también entre diferentes. Apuesta por el debate – y no solo por el diálogo como se aboga en el multiculturalismo – entre culturas y por el conflicto como algo positivo, cosa que se pretende evitar en el multiculturalismo. El cambio cultural, así como el de las tradiciones, también es un elemento clave en el interculturalismo, frente al mantenimiento estático e invariable de las culturas en el multiculturalismo. Es una retroalimentación constante entre culturas. Por lo tanto, el interculturalismo pretende unir desde la diversidad, con un respeto activo a la pluralidad cultural y con la capacidad de que unas culturas aprendan de otras.

En un mundo como el de hoy, donde el nacionalismo y el proteccionismo amenazan a estas realidades multiculturales, debemos responder con los brazos abiertos a estas culturas, porque no obstante existe una cultura humana que nos une. Esta respuesta debe ser el interculturalismo.

Zygmunt Bauman, filósofo y sociólogo polaco recientemente fallecido, era consciente de esta posibilidad de regreso de los fantasmas fascistas al siglo XXI, por lo que siempre abogó por la pluralidad política y cultural como se puede observar en una de sus célebres citas de Modernidad y Holocausto (1989): “el pluralismo es la mejor medicina preventiva para evitar que personas moralmente normales participen en acciones moralmente anormales.”

96Yeyo

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Sociología UCM. 'No podemos pensar como individuos, sino como especie'.