Gran Hermano (III): Violencia

No cabe olvidar que la plutocracia no siempre consigue sus objetivos, pues la propaganda y el falseamiento electoral fallan, lo que da lugar a la violencia de Estado, que es ejercida por el brazo armado del mismo, dividido en la policía en lo civil y el Ejército en lo militar.
Históricamente, la existencia de la financiación de Estados peligrosos por parte de las clases poderosas del planeta y la violencia que les acompaña da lugar a atentados contra los movimientos populares que se articulan en torno a cuestiones de interés humano que vayan en contra de la integridad física de la plutocracia como, por ejemplo, el reparto equitativo de la riqueza. Estos atentados pueden ser desde procesos programados de persecución y exterminio, como el llevado a cabo en Indonesia en 1965 (que dio lugar a un millón y medio de ejecuciones ese único año), hasta hechos espontáneos y puntuales, como el asesinato de anarquistas por parte de la policía. Pongamos algunos ejemplos.
Represión en Colombia. 
El Tratado de Libre Comercio firmado entre el Gobierno de Colombia y el de los Estados Unidos de América en mayo de 2012 condujo a la importación masiva de productos alimenticios al país latinoamericano, lo que dio lugar a que la producción nativa del país redujera sus beneficios y, con ello, al empobrecimiento del campesinado allí. Este hecho desencadenó una serie de protestas en el sector agrario colombiano en contra de la decisión adoptada por el Gobierno de dejar entrar más capitalismo en el país, por lo que la plutocracia tuvo que ponerse manos a la obra.
Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC (que, como todo el mundo sabe, empezaron a operar en 1964 y no en 2012), han servido a la plutocracia local de Colombia para convertir las protestas en el chivo expiatorio al acusarlas de colaboración con estos grupos paramilitares, iniciándose, así, una “caza de brujas” (propia del macarthismo estadounidense entre 1950 y 1956 en contra de lo que allí se llamaba “comunismo”) dirigida por parte del Gobierno de Colombia contra los campesinos del país que, volviendo al principio, se han visto desplazados por la opulencia de las compañías multinacionales.
Las intervenciones del Ejército, que muchas veces dan lugar a la militarización de Bogotá, acaban con la vida de decenas de campesinos o casi se consigue, por no hablar de secuestros, violaciones, desapariciones, etcétera. todo ello bajo el patrocinio de presidentes como Juan Manuel Santos, en la actualidad, o Álvaro Uribe, su predecesor, que no dudan en ejercer para la plutocracia.

Asesinato de Carlo Giuliani.
En el verano de 2001, la cumbre del G8 (grupo informal de las ocho naciones más poderosas del planeta) se reunía en Génova, Italia, para tratar los temas de actualidad y para proponer medidas “correctoras” para las acciones que no se ajustaban a los intereses de la plutocracia.
Como casi en cada reunión del G8, el movimiento anti-globalización salía a la calle para enfrentarse a estos señores o, por lo menos, para mostrar su repulsa hacia ellos y, consecuentemente, también lo hacía la policía italiana, enviada por el anfitrión de la cumbre, el Gobierno de Italia. La reunión tenía que transcurrir sin problemas, pues de ello dependía la integridad del Gobierno italiano en las filas del G8.
Las protestas se intensificaron esos días y, el 20 de julio, un carabinero metía una bala en la cabeza al activista Carlo Giuliani, cuyo cadáver, así mismo, era atropellado por una furgón de la policía.Asesinato de Alexandros Grigoropoulos. 
A finales de 2008, Atenas se vio envuelta por el estallido de una serie de protestas civiles en contra del Gobierno y de su gestión de la economía nacional, gestión que consistía básicamente en aceptar las directrices de la plutocracia y reducir el papel de Grecia a “turístico”… sin industria, sin independencia. El paro juvenil, además, ascendía a un 22, 6 % por aquel entonces, cuando ni el colapso del capitalismo que todavía en la actualidad nos afecta se había puesto en marcha.
Estas protestas comenzaron de forma aislada en algunos focos de la ciudad y, el día 6 de diciembre de 2008, el adolescente de 15 años Alexandros Grigoropoulos era tiroteado y abatido por la policía en una de las calles de Atenas.
Este hecho incendió a toda la población del país, lo que extendió las protestas fuera de la capital y las multiplicó tanto en número de manifestaciones como de manifestantes.

Lo tratado hasta ahora son ejemplos de cómo el Estado ejerce el terrorismo para acabar con toda desviación que la propaganda no ha podido corregir. En el momento en el que no se consigue dirigir las conciencias de la gente, esta gente empieza a pensar por sí misma y, por tanto, pasan a convertirse en un peligro para los poderes fácticos que controlan el planeta. De ahí, la necesidad de ejercer la violencia y el terrorismo como cauce in extremis para evitar males mayores.

Cabe concretar que estamos hablando de un escenario en el que la gente obvia el proceso electoral; pero, cuando las clases obreras hacen uso del proceso electoral para conseguir representantes políticos afines a ellas y, por tanto, hostiles hacia la plutocracia, la violencia que ésta ejerce se transforma en golpes de Estado, como el caso de Chile en 1973, el de Venezuela en 2002 (fallido) o el de Honduras en 2009. Con estos atentados, los representantes del fundamentalismo internacional del Mercado aseguran gobiernos “estables” a lo largo de toda la geografía.

Con este artículo, se termina de analizar el papel que desempeña la plutocracia (Del griego, el ‘gobierno del dinero’) en el proceso de la globalización que, como ya hemos visto en publicaciones anteriores, comienza con una preparación del terreno a base de atacar la conciencia colectiva a través de las imágenes y los mensajes que proporcionan los medios de propaganda (también llamados “medios de comunicación”) en el artículo Gran Hermano (I): Propaganda, y que continúa con la ya firmada ‘libertad de expresión’, que consiste en ir a votar una formación política afín a la plutocracia, donde se puede comprobar en el artículo Gran Hermano (II): Falseamiento electoral.

Estas observaciones, para finalizar, que conducen al gobierno global del dinero y de la economía por encima del gobierno político, nos llevan a entender que no existe la democracia, sino que, por el contrario, el poder que se ejerce desde la sombra decide quién debe morir, quién debe vivir y de qué manera. La solución, si se quiere, comienza al tomar conciencia como nuestros compañeros asesinados y, entre todos, empezar a romper esa dinámica.

Desde Digo Yo, le queremos animar a que se una al equipo de autores para poder disfrutar de su narración y de su fluidez a la hora de narrar. 🙂

Esta reflexión es del blog cuyo dueño es Alfonso. Se ha publicado con su autorización

Adrian

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